Una charla con Alexandra Kennedy

29 noviembre, 2018Juan Sebastian Neira
Blog post

Una charla con Alexandra Kennedy

Historiadora del arte y de la cultura de Latinoamérica, curadora y docente universitaria.

Ha sido profesora invitada y conferencista en universidades americanas y europeas, además de expositora principal en decenas de congresos nacionales e internacionales.

La fascinación por la historia, el arte y la cultura empezó cuando era apenas una niña; su familia, conformada por varios estudiosos y artistas, le aproximó hacia un mundo de museos, pinturas, paisajes, libros y aventuras, que se convirtieron años más tarde no solo en su profesión sino en su vida.

En estas líneas conoceremos un poco más acerca de sus proyectos actuales, sus principales objetivos profesionales y sobre su continuo trabajo en pro del arte y la cultura en el Ecuador.

Vida profesional

Háblenos sobre sus inicios, sus primeros trabajos.

Empecé en dos frentes: la docencia universitaria, dictando clases de historia del arte en la Universidad Católica en Quito y en el Instituto de Patrimonio Cultural en San Agustín.

En la Universidad algunos de mis alumnos eran mucho mayores a mí, otros venían de oyentes, mis clases atraían muchos curiosos; a estos les hacía donar un libro para la biblioteca, era una forma de armar nuestros pobres repositorios. En una ocasión tuve 70 alumnos en clase, ¡más de la mitad oyentes!

En el Instituto de Patrimonio aprendí las bases de la restauración y también aprendí a dejar de tener miedo de hacer mis primeros pinitos en la historia del arte.

Podríamos decir que su actividad se divide en campos como la conservación del patrimonio, la catalogación de archivos, la investigación y la curaduría. ¿Cuáles considera sus proyectos más importantes?

En conservación, la experiencia en la Recoleta de San Diego en Quito (convento – museo). Era la primera vez que se hacía un proyecto interdisciplinar en el Ecuador en donde se ligaba la praxis de la conservación con la investigación histórica.

Otro proyecto importantísimo fue aquel que junto a mi marido Eduardo Vega y el equipo de la ONG Fundación Paul Rivet -que lideré por 10 años-, propusimos a la Municipalidad de Cuenca para salvar la Casa de Chaguarchimbana en la calle de Las Herrerías, una casa – quinta del siglo XX, con el fin de convertirla en un Museo de las Artes de Fuego. A pesar de la lucha y los años de trabajo el proyecto fue abandonado.

Recuerdo con especial emoción cuando catalogamos dos archivos maravillosos: el de San Francisco en Quito y el de las Conceptas en Cuenca. Ambos tienen un acceso restringido y de ambos se publicó un catálogo.

Y en lo curatorial puedo destacar lo que hicimos con Rodrigo Gutiérrez: “Alma mía. Simbolismo y modernidad en Ecuador 1900 – 1930”, en el Museo de la Ciudad y el Metropolitano de Quito.

¿En qué proyectos está involucrada actualmente?

Mi proyecto más importante ahora es ser madre y abuela. Tarde ¿no? (ríe). Inicié mis quehaceres profesionales hace ya cuatro décadas y de a poco me olvidé de lo mío. En esta nueva etapa gozo de mi familia e intento detener la avalancha de trabajo que a veces me impongo y me imponen las circunstancias.

Hago yoga, pilates, leo novelas, cocino, edito un libro sobre las “I Jornadas de Historia del Arte y la Arquitectura”, hago paseos al campo, termino de crear la maestría de ”Historia del Arte y de la Arquitectura latinoamericana” para la Universidad de Cuenca.

Me retiraré temporalmente de mi posición como profesora pues curso un doctorado en historia de la arquitectura y ciudad latinomericana en la Universidad Nacional en Bogotá.

Sobre la docencia

¿Cuál es su actividad actual?, aprendizajes, logros.

Lo mejor de la vida son los alumnos, mi mayor aprendizaje. Les he entregado todo lo que he podido. Tengo cientos de anécdotas con ellos.. No tengo palabras para expresar cuánto amo la docencia y cuán bien me siento al entrar en clase, es como un baño de rosas perpetuo, como si lo hiciera siempre por primera vez en la vida. Será lo que más extrañe en esta nueva etapa de vida.

Novedades sobre la primera maestría en Historia de la Arquitectura y Arte de América Latina.

Viento en popa, al borde de compartirse con pares académicos internacionales. Este ha sido el proyecto más deseado de mi vida, es la manera más efectiva de crear un cuerpo de historiadores especializados que den sentido al inmenso patrimonio nacional.

Todo lo demás será ver el patrimonio como objetos carentes de sentido, al que “se debe conservar” sin saber por qué, ni para quién.

Si todo va bien tendrá su sede en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca.

Mujer empoderada

En muchos aspectos usted ha roto paradigmas establecidos y ha luchado por sus ideales; como mujer, profesional ,madre, esposa, ha dado muestra de verdadera pasión, perseverancia y convicción.

Como mujer, ¿ha encontrado obstáculos en el camino?

La historia del arte fue siempre un campo liderado por mujeres, quizás por nuestras particulares sensibilidades, quizás porque no era un campo laboral tan bien remunerado; poco a poco se va haciendo más atractivo para los hombres. Lo mismo se podría decir de la investigación en nuestros países o de la docencia en la facultades de Filosofía o Artes. Espacios masculinos/machistas como la Facultad de Arquitectura han sido más difíciles de roer pero nunca fueron obstaculizadores.

Tengo la impresión de que mi imagen “gringa” me salvó de muchos prejuicios locales y me dio una libertad que otras mujeres de mi generación en nuestro país no tuvieron. El ser foránea justificaba tus “descabelladas” ideas o actos.

Se unió a un mundo profesional en una época en que muchas mujeres no lo hacían, ser una mujer estudiosa, trabajadora, emprendedora, ¿fue algo natural para usted o tuvo que luchar para conseguirlo?

Fue totalmente natural, mi abuela inglesa Grace, su historia, me dio lecciones de vida. Ella estudió a principios del siglo XX en la Universidad de Trinity College en Dublín ¡a sus 56 años de edad!. Tuvo que pedir dispensas para poder hacerlo por su condición de mujer, adulta, de clase privilegiada y católica, ¡y lo hizo!.

Mi madre trabajó toda la vida. Mis padres siempre nos animaron a emprender independientemente si éramos hombres o mujeres. Primó la noción de seres humanos.

Igual sucedió en mi colegio, el Americano en Quito, mixto y maravillosamente democrático. Todos podíamos ser líderes, inventores o emprendedores, la única barrera podía ser uno mismo. Mi educación crítica y reflexiva me ha permitido cuestionar todo lo que me rodea y no dejarme atrapar en pre conceptos limitantes y absurdos que nuestro medio aún arrastra.

Objetivos a futuro

Dar conferencias, talleres y seminarios a estudiantes de posgrado en diferentes partes del mundo. Cuidar la maestría antedicha y dar un salto cualitativo en mi forma de investigar sobre historia. Estoy en ello…en esta, mi cuarta etapa de vida.