Editorial #15

24 octubre, 2018Juan Sebastian Neira
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¿Existe un sentimiento más aterrador que la monotonía, la frustración, el estancamiento; esa sensación de que no se obtiene ningún resultado, que todo continúa de la misma forma a pesar de que el cambio se anhela?.

Hace poco, y gracias a la invitación que acepté para dar una conferencia en un importante congreso de mujeres empresarias en el Ecuador, me vi obligada a realizar un ejercicio de retrospección. Volver al inicio de mi vida profesional y recordar ciertos detalles que había pasado por alto en ese momento, me hizo rescatar varios aprendizajes, que inconscientemente me han permitido alcanzar mis metas.

De todo lo que descubrí en este interesante viaje, debo compartir con ustedes queridos Lectores, aquella que considero es la lección más importante, la que me ha hecho tomar decisiones difíciles, errar, acertar, pero sobre todo me ha ayudado a evolucionar.

¡Incomodarse!… experimentar una situación que genera ciertas molestias o displacer… lo opuesto al confort.

Incomodarme me ha impulsado a actuar, a alejarme de mis zonas seguras, a entender que los ciclos en la vida existen y que así como inician también deben terminar; incomodarme me ha llevado al movimiento, a la búsqueda, a la investigación, a la nuevas alternativas, a más soluciones, a duras despedidas, a nuevos y brillantes comienzos.

La comodidad es el enemigo más grande del crecimiento. Mi lema de vida siempre ha sido que “lo único constante debe ser el cambio” pero nunca me había dado cuenta de lo mucho que el cambio incomoda.

Aceptemos la incomodidad y empecemos a movernos, no importa si el cambio es pequeño o grande, cualquier detalle puede ser el punto de partida que te acerque a tu meta.

Que el miedo no nos paralice, que nuestros sueños sean más grandes que nuestras inseguridades y que de una vez por todas entendamos que el fracaso no es equivocarse, no es caer, el verdadero fracaso es no haberlo intentado.